EL ALCALDE ES MUCHO ALCALDE

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EL ALCALDE ES MUCHO ALCALDE

Mensaje  Casimiro el Vie Mar 01, 2013 11:05 pm

Hace unos meses algunos sectores muy significativos de este pueblo marcaron una estrategia de acoso y derribo al Ayuntamiento, y concretamente al Alcalde para buscar su agotamiento.
Empezaron con la huelga de la basura y siguieron con la marcha de las monjas. Todo era culpa del Alcalde. Pues bien, por ahora la huelga la lleva perdida el sindicato y a ver como acaba. El tema de la residencia lo ha salvado con dignidad y mucha paciencia, ha dejado a quienes querían mancharle, por los suelos. Los ha apretado hasta que se le ha visto las verdaderas intenciones. Alcalde, SET POIN Y APUNTO DEL MACH POIN.
No creí yo que el tipo este los tenía tan bien puesto y sobre todo es mucho más inteligente de lo que creíamos y creen muchos.

Casimiro

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Re: EL ALCALDE ES MUCHO ALCALDE

Mensaje  BOOSLARA el Sáb Mar 02, 2013 7:20 pm

Discurso íntegro de Antonio Banderas en la entrega de medallas en el Día de Andalucía



"Incomprensiblemente plantado en un lugar y en una posición ocupada anteriormente por individuos cuyas trayectorias humanas y profesionales superan claramente a la mía, doy comienzo a mi intervención enfundado en la piel de una especie de Hamlet malagueño, superado por montañas de preguntas sin respuestas, y de mas tribulaciones que certezas. Y si bien el reconocimiento que hoy se me otorga abre la puerta de esas incertidumbres, es el contexto en el que esto se produce lo que sin duda desata dentro de mí una batalla contra mi inseguridad. La guerra del yo, contra mí mismo.

La obviedad, y el continuo martilleo de ese contexto, es decir, la situación que vive nuestra gente, nuestro pueblo, como consecuencia de la maldita crisis que padecemos, y de todos los rotos que ésta va dejando a su paso, no solo no atenua, sino que acentua el dramatismo de una letania a la que diariamente se van añadiendo seres humanos que sufren, individuos con nombres y apellidos que pelean por mantenerse a flote, por no hundirse en este océano confuso de numeros macro-económicos, despiadados mercados, y primas de riesgo.

Yo no tendría verguenza, ni agallas para mirarme mañana al espejo, si solo dedicara este momento a lanzar, desde esta tribuna, agradecimientos floridos, alabanzas más o menos folklóricas y amanerados piropos a la tierra a la que todos los que aquí estamos amamos profundamente. De eso no me cabe la menor duda.

He de confesar, que el hecho de haber sido un hombre con suerte, trabajada, pero suerte, me hace dirigirme a ustedes, con un cierto pudor, con un perdón entrecomillado por reconocer que la vida, hasta ahora, me dio más de lo que le pedí. Pero atado a ese sentimiento, también camina de forma paralela otro que me empuja, que me obliga al compromiso irrenunciable de intentar devolver parte de lo que me ha sido dado.

Y me pregunto: ¿Podemos en estos momentos, en el que todos estamos inmersos, de una manera u otra, en una superlativa cacofonia de voces contrarias, acertar a decir algo que traspase el muro de unos oídos exhaustos de oír ecos discordantes, promesas vacías y declaraciones huecas? ¿Puedo pronunciar alguna palabra que aporte un cierto valor, o un mensaje de esperanza. Y sobre todo algo, no que posea el don de la verdad, eso sería demasiado pedir en un momento en el que parece que todos somos sospechosos de algo, sino que sea minimamente creíble?

Yo, que soy un optimista estupidamente romántico creo que sí, que sí es posible. No tanto por las garantías, y la credibilidad de quien os habla, sino por la voluntad del que escucha.

Pero para abordar esta tarea me veo obligado a abandonar el yo. El "yo", hemos de reconocerlo, es feo. Es más bonito el "nosotros". Sin embargo en este momento he decidido colarme por la puerta del "ellos". Sí, pues son ellos, este nutrido grupo de ilustres andaluces que hoy reciben justo reconocimiento, los que diariamente muestran con hechos, que hay que tener fe en nuestra tierra, en sus infinitas posibilidades y en su futuro.

Andalucía posee muchas y diversas fuentes de riqueza. Una de ellas es la agrícola. Debemos sentirnos orgullosos de los miles y miles de personas que hunden sus manos en los campos de labranza para sacar de ellos, con mimo y esfuerzo, trozos de vida. Doña Dolores Ascensión Gómez Ferrón entiende que nadie sabe más de vida que una mujer, y tal vez por esto ha dedicado su existencia a la tierra con cariño, persistencia y ambición. Por eso fundo la empresa Clisol Agro, dedicada a la producción integrada de hortalizas en sistema protegido. Y por haber sabido hacer realidad su visión futura del campo andaluz, le han sido concedidos, a esta Almeriense audaz, multitud de reconocimientos y premios, entre los que destaca el de Empresaria Andaluza del Año 2004.

Quizás parte de la producción salida de la empresa de Doña Dolores, sea distribuida para su venta en los establecimientos de Don Manuel Barea Velasco. El es Presidente del grupo Barea, y parte integrante de una familia que ha dedicado más de setenta años a el negocio de la distribución alimentaria. Pero lo importante en este caso no es solo el "qué", sino el "cómo" ha venido operando este negocio familiar, pues al éxito empresarial obtenido por esta marca andaluza, se añade una forma y un estilo modélico en la acción de responsabilidad social para con sus empleados. Baste decir que en la actual crisis económica, el grupo Barea, ha logrado mantener intacta su plantilla. Sabemos que por encima de cargos y reconocimientos ese es el mayor orgullo y el premio más bonito que, en este caso, se otorga a sí mismo Don Manuel.

Ya que estamos hablando de empresas familiares. Hace unos días en Barcelona, tuve la oportunidad de ser recibido en su casa por Don José Manuel Lara Bosh, creador del Grupo Planeta. Una de las empresas editoriales y multiplataforma más importantes del mundo. Entre las muchas cosas de las que hablamos me llamó la atención la profundidad y el amor con que expresaba sus sentimientos hacia Andalucía. " Tengo sangre andaluza" me comentaba con orgullo. "Mis momentos más felices los he pasado allí". Los que nos vemos obligados a viajar mucho, sacamos pecho y presumimos, especialmente en estos tiempos, cuando decimos, como el que no quiere la cosa: "Sí, esta empresa es de mi tierra", y se nos dibuja una sonrisa en los labios. Los méritos acumulados por el Grupo Planeta, están fuera de toda duda, así como los de su presidente Don José Manuel Lara Bosch, al que la Generalitat de Cataluña le concedió la Creu de San Jordi y un par de años más tarde recibió la Medalla Internacional de las Artes de la Comunidad de Madrid.

Todos los acontecimientos que estoy relatando y muchos otros han de quedar debidamente documentados, comentados y analizados por aquellos que se encargan de informarnos sobre la actualidad cotidiana. Eso es precisamente a lo que ha venido dedicando su vida el periodista Don Enrique García Gordillo desde aquellos tiempos en los que su voz comenzó a viajar hacia los oídos de sus radioyentes desde la emisora sevillana La Voz del Guadalquivir. En 1976 crea el primer informativo regional radiofónico en las emisoras de la Cadena Ser, y también cuenta en su dilatado currículum el haber sido el primer portavoz de la Junta de Andalucía. Este brillante Socio de Honor de la Federacion Andaluza de Asociaciones de la Prensa no ha sido solo testigo de primera mano en los días en los que la Autonomía Andaluza dio sus primeros pasos, sino que colaboró de forma activa en aquellos históricos momentos.

Aunque más cercano, también hemos de calificar de histórico el momento en el que la Selección Española de Balonmano se proclamó por segunda vez campeona del mundo de este apasionante deporte. En la portería del conjunto español, un Onubense de 34 años llamado José Manuel Sierra se ha batido el cobre con los lanzadores más agresivos del planeta, y aunque juega en el Paris Sant Germaine, todos nos sentimos orgullosos de él, y le mostramos nuestra admiración, pues bajo los palos de la portería española, lo vimos defender con coraje y destreza los colores de nuestro país de cualquier obus o torpedo que le fuese enviado desde las líneas rivales. Enhorabuena por ello campeón.

La mención que he hecho de torpedos y obuses me hace pensar que si alguien me hubiese presentado a Doña Esther Yáñez Gonzalez-Irun un día cualquiera, en un lugar cualquiera, fuera de esta celebración autonómica, yo habría recurrido a la retórica de cualquier presentación: "¿Cómo se llama usted?" "Esther", "Bonito nombre". ¿Y de dónde es?, "de Cadiz", "Bonita tierra". ¿Y a qué se dedica ?, "Soy Capitán de corbeta" En este momento se me escaparía un "Ole"..."Con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones...". Como soy persona cauta, esto último no se lo diría...pero lo pensaría. Doña Esther fue la primera mujer que ingresó en la Escuela Naval de la Marina en Pontevedra. A muy temprana edad se le concedió el mando del Patrullero Lara, siendo a su vez la primera mujer en la historia de la Armada Española comandante de un buque de guerra. Y es que si los andaluces somos muy fuertes, las andaluzas son de armas tomar... Nunca mejor dicho.

Las armas de María Rosa Orad Aragón son distintas, pero no menos efectivas. Con ellas, esta magnífica bailarina y coreógrafa ha invadido el corazón del público, y conquistado los alagos de la crítica especializada. El nombre de María Rosa es sinónimo de calidad, y garantía de pureza artística. Su compromiso con el ballet a través de una larga trayectoria cargada de éxitos la eleva a esa cúspide donde solo viven las leyendas, los grandes de la danza española. Acredita esto que digo la cantidad de premios que ha recibido esta andaluza de Andújar durante su vida artística. Entre ellos, la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Otro de los que sabe de trabajo, constancia, y arte, mucho arte es el señor Don Manuel Fernández Gerena. Probablemente hay muy pocos cantantes en general, y cantaores en particular que tengan en su curriculum los más de 3000 conciertos que lleva este hombre a sus espaldas. Si eso no es vivir una existencia dedicada a su público, cara a cara frente a la verdad del directo, y en continuo contacto con los duendes del flamenco, que venga Dios y lo vea. No solo en La Puebla de Cazalla, su lugar de nacimiento, están orgullosos de él, sino en Andalucía y en toda España. Él es al cante jondo, y al flamenco, lo que María Rosa es a la danza. Un mito, un indiscutible, uno de esos artistas que ha llevado el nombre de nuestra tierra por todo el mundo, y al que no solo podemos oír cantar cuando queramos, pues tiene más de 32 discos grabados, sino también leer, pues tras el cantaor se esconde un poeta con seis libros publicados. Uno de los reconocimientos que seguro que guarda en el fondo de su alma es la concesión de la Medalla de Oro de la provincia de Sevilla que recibió en el año 2010.

Saltamos de un cantaor a un pintor. Me voy a aventurar a decir que Andalucía debe ser uno de los lugares del planeta que más artistas produce por kilómetro cuadrado. Un nutrido grupo de estos son pintores. Don Miguel Rodríguez Acosta es uno de ellos. Don Miguel añade a su magisterio en el arte de la pintura, su sabiduría en el mundo del grabado, y la ilustración. Quizás el indagar en el alma de otro grande granadino como él, Federico García Lorca, fue lo que le llevó a realizar el conjunto de dibujos que ilustraron la obra inédita del poeta de Fuentevaqueros, " Sonetos del Amor Oscuro." La poesía ha sido constante fuente de inspiración para el trabajo gráfico de Don Miguel que acometió otro proyecto de envergadura al dar forma visible a un buen conjunto de poemas árabes. Intuímos que con la sospecha y la esperanza de que ahí hallaría parte sustancial del DNA de nuestra sangre y nuestra alma andaluza. Colaboró asiduamente con una publicación clásica en la vida intelectual de nuestra tierra como la revista Litoral. Y fue subdirector del Museo de Arte Moderno de Madrid.

El cine tiene algo que ver con la pintura. Ambos conviven en un universo bidimensional. Un lienzo, o pantalla donde quien realmente manda es la luz, el encuadre o la composición, y lo más importante, el contenido, es decir, lo que se cuenta. El director de cine sevillano Don Alberto Rodríguez Librero, al que probablemente no le guste nada lo del "Don", pero yo que estoy hoy muy formalito se lo he encasquetado, ha demostrado, y lo sigue haciendo, que sabe mucho de esto. Si en títulos como "Siete Virgenes" y "El Factor Pilgrim" dejó constancia de poseer un lenguaje propio, y un pulso exquisito para manejar los ritmos cinematográficos. No es hasta su película "Grupo 7" donde nos damos cuenta de estar ante un director de gran altura, un hombre que sabe conjugar los procesos narrativos clasicos, con los códigos más actuales. El cine de acción más trepidante, entrelazado con la profundidad y la complejidad de una cinematografía que nunca olvida la realidad, la reflexion social mas cruda, y crítica. Nos encontramos ante un director con un gran presente y un magnífico futuro al que yo solo pondría un "pero", basado en el hecho de que todavía no me ha llamado, pero, en fin, espero que el tiempo, y el sentido común subsanen este detalle sin importancia sin que tengamos que recurrir a la violencia.

Bien, me voy quedando sin medallas, y sin saliva, y probablemente ustedes sin paciencia. Me quedan dos antes de pasar al siguiente capítulo, pero son de gran importancia, pues arrastran un valor especial. La primera le ha sido concedida al señor Don Patricio Cárceles Sánchez. El es el Delegado Territorial de la Organización Nacional de Ciegos Españoles que celebra su 75 aniversario. Ha sido Don Patricio un gran impulsor de las actuaciones de acción social y de la promoción de la imagen de Andalucía. Quizás algunos de ustedes no lo sepan, pero la ONCE es la mayor empresa de nuestra comunidad, con 16.000 afiliados y 24.000 trabajadores de los cuáles el 78% son discapacitados. En el capítulo personal diré que a esta institución me une una relación muy estrecha a través del vínculo que la Organización Nacional de Ciegos Españoles mantiene desde hace muchos años con las Cofradías Fusionadas de Málaga a las que pertenezco.

Doña Marina Álvarez Benito es uno de esos premiados que deben de sentirse extraños en un acto como este. En un teatro, envuelta de una atmosfera institucional, rodeada de artistas. Todo muy raro para esta doctora, Presidenta de la Sociedad Española de Diagnóstico por Imagen en Mama, y que diariamente transita sin pausa desde una verdad llamada cáncer, a una esperanza llamada cura. Siempre he sentido una admiracion especial hacia aquellos que asumen los retos que estan ligados no solo al bienestar, sino a la vida de las personas. Esos a los que nos entregamos ciegamente cuando el cuerpo falla. Doña Marina es una pionera en la creación de unidades multiprofesionales para el tratamiento integral del cáncer de mama. ¿Que mayor satisfacción puede encontrar un ser humano que tener la posibilidad de salvar vidas? Bien, pues eso es lo que hace Doña Marina todos los días. Ni más ni menos. Hay un momento en el que solo cabe la verdad, y la verdad en nuestros días tiene que ser ratificada por los hechos, es lo único que aporta un valor objetivo. Todas estas personas hablan a través de su obra, de lo que han hecho o hacen, cada uno en su terreno. Ellos son los brillantes galardonados con las medallas de Andalucía de este año.

He de reconocer que abrir el capítulo de los Hijos Predilectos pronunciando el nombre de Carmen Laffon de la Escosura tiene un montón de ventajas. Esta pintora y escultora sevillana, Premio Nacional de las Artes Plásticas, y miembro de la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lo es todo dentro del mundo de la pintura. Podríamos hablar de su educación progresista, de los múltiples estudios que realizó desde muy temprana edad, de sus visitas posteriores a los centros artísticos más importantes de Europa, muy especialmente a ese París de Picasso, y de su admirado Chagall, de sus inumerables exposiciones por todo el mundo, de su vocación generosa para compartir lo que aprendió y ponerlo al servicio de los más jóvenes, de su talento y compromiso descomunal, pero lo que me he permitido, sabiendo que dentro de el protocolo de este acto debía hablar de ella ha sido simple y llanamente observar su obra.

Sentir la vida a través de la visión de Carmen Laffon es un viaje sensorial que te hace caminar por una senda en la que uno entra y sale continuamente entre las formas reconocibles del mundo real y la atmosfera poética que habita en la mente de la artista. Sí, allí esta Sevilla, la Torre del Oro y La Giralda, pero en medio estan derramados el espacio y la luz de una ciudad soñada y amada una y mil veces. Es verdad que un armario blanco colgado de una pared es eso, pero en las manos de Carmen es un mundo de posibilidades, de secretos, de enigmas por desvelar. De un jarron cuelgan unas flores, una rosa roja descata, salta del lienzo, y nos mira primero, después nos guiña un ojo, y desde ese momento somos cómplices, la rosa y yo. Cuando lo bello es bello da miedo, por eso siente uno, mirando los cuadros o las esculturas de Carmen Laffon ese escalofrío especial que se siente al contemplar la belleza en estado puro, y a poco que te dejes llevar, puedes notar como se te humedecen los ojos y de estos brotan lágrimas que vienen a ratifican la profunda honestidad de su obra, y te hacen comprender que el arte no es más que una reinterpretación de la naturaleza. A eso se dedica Carmen, a volvernos a contar el maravilloso cuento de la vida, no desde los ojos, sino desde su alma de sevillana astral.

El difícil episodio sobre el que ahora tengo que reflexionar abre ante mi las puertas de una casa llena de habitaciones oscuras, de pasillos llenos de recovecos, y de espejos que devuelven imágenes distorsionadas. Ante uno de esos espejos trataré de desnudarme. Abriré las ventanas para que podamos distinguir nítidamente cuál es la imagen que nos es devuelta.

El 4 de diciembre de 1977 yo participaba en los ensayos de una obra de teatro con mis compañeros del grupo independiente Dintel. Se llevaban a cabo estos en una casa en ruinas del malagueño barrio del Perchel. Yo tenía 17 años, los bolsillos vacíos, pero el alma llena de ilusiones y planes más o menos imposibles. A media mañana comenzaron a oírse a cierta distancia de donde nos encontrabamos los ecos de una multitud que iba poco a poco tomando las calles céntricas de nuestra ciudad. Los ensayos comenzaron paulatinamente a perder interés a medida que sentíamos la urgencia y la curiosidad por ver con nuestros propios ojos el acontecimiento histórico que estaba teniendo lugar a pocos metros de donde nos hayábamos. Debido a la falta de concentración que se apoderó de todos nosotros el director de la obra decidió, con buen criterio, suspender los ensayos y dejarnos ir, decisión que fue recibida con alborozo por parte de todos los miembros del grupo.

Salimos de allí en estampida, y a poco nos incorporabamos al río de gente que avanzaba con aires más festivos que reivindicativos. Sorprendía la gran cantidad de personas que se había dado cita en aquella primera celebración del día de Andalucía, y el carácter alegre de la manifestación. Recuerdo ver muchos niños, algunos portados a hombros de sus padres, así como grupos de gente, que acompañados por una guitarra, entonaban canciones típicas de nuestra tierra. Frente a otras demostraciones callejeras de las que yo había sido testigo, aquella se desmarcaba y establecía un factor diferencial subrayado por las sonrisas en las caras de todos, por el orgullo de salir a la calle como andaluces, como pueblo que se reconocía en su propia idiosincracia. Pero no duró mucho la fiesta, pues a poco de habernos unido a la manifestación, 10, quizás 15 minutos después, todo cambió. El lugar donde nos encontrabamos era el puente de la Prolongación de la Alameda. Desde esa posición, y a pesar de los años transcurridos, esto es lo que recuerdo. Al principio, un detalle insignificante, pero al que recuerdo prestar atención. Una señora, con sus hijos de la mano, corría en dirección contraria al sentido de los manifestantes. Al pasar junto a nosotros la oí decir, " tenía que pasar, tenía que pasar". Unos segundos después, no muchos, el número de personas que emprendían lo que interpreté como una huída, iniciaban el mismo camino en dirección contraria que había seguido la señora con los niños. Sus caras ya no enseñaban sonrisas, sino miedo. A partir de ese momento, lo que recuerdo es una concatenación de imágenes confusas, y rápidas que probablemente han sufrido el desperfecto lógico tras haber permanecido muchos años en los cajones de mi memoria. Luces azules de las furgonetas antidisturbios, carreras desesperadas, caídas, una bandera con los colores de nuestra tierra caída en el suelo y en la que se enredaban los pies de alguien que corría, un bote de humo que saltaba entre la gente que se empujaba, gritos en medio de una niebla que se agarraba a la garganta.

No lo supe en aquel momento, pero a muy pocos metros de donde yo me encontraba, la vida de Manuel José García Caparrós había pasado del blanco y verde de la mañana al negro eterno de lo irreversible, de lo que ya no tenía arreglo. Había caído abatido por un disparo que hizo diana en el corazón de todos los andaluces, tiñendo de dolor a un pueblo que minutos antes cantaba ilusionado el inicio de un camino hacia un futuro que habría de salvar obstáculos, momentos claros y oscuros, vicisitudes, pero que estaba rodeado de esperanza.

Confieso sentir un estremecimiento casi sobrenatural al comprobar lo paradójico de este momento en el que me encuentro en relación a Manuel José. El haber estado a tan pocos metros de él cuando se enfrentó a sus últimos pensamientos, su última mirada a esa Andalucía que se desmoronaba a su alrededor, y volver a reencontrarme con su memoria el día en que ambos recibimos el título de hijos predilectos de nuestra tierra es hoy para mí motivo de reflexión compleja y profunda. Desata un aluvión de preguntas a las que me veo obligado a responder por respeto a ti, y al precio que pagaste por salir a la calle aquella mañana del 4 de diciembre a defender la libertad, el nombre de tu tierra y la dignidad de sus gentes.

Manuel José, hoy sé que el disparo que te mató podría haberse alojado en cualquiera de los que estabamos cerca de ti. Podría haber sido para mí y todo lo que desde entonces me ha acontecido habría sido borrado. Las cosas que he visto, la gente que he amado, la hija que tuve, las batallas que gané y las que perdí no existirían. Eso es lo que te fue robado. Por eso hoy se te hace justicia, por eso hoy tu gente te quiere devolver lo que se te arrebató, y el espejo frente al que, hace unos momentos prometí desnudarme, me devuelve hoy tu figura. Y a mí me gustaría pedirle permiso a tu familia para, en este día en el que ambos somos nombrados hijos de nuestra tierra decirte, hermano dame la mano y volvamos al día de Andalucia del año 77, y completemos lo inacabado. Salgamos de nuevo a las calles de nuestra tierra para gritar lo que no pudo salir de tu garganta. Que somos un pueblo que respira libertad. Que el andaluz camina sin miedo a perder su identidad pues ésta está soldada a lo más profundo de su alma. Que entre el ser o no ser, Andalucía siempre eligió el ser. Que reconocemos nuestra imperfección y en esto solo vemos un estímulo para seguir creciendo. Que en estos días turbios y confusos no podemos correr el riesgo de convertirnos en aquello que criticamos. Que para vivir la vida hay que mirar hacia adelante, pero para entenderla hay que mirar hacia atrás. Por eso me apoyo en ti Manuel José, y te digo que en estos momentos difíciles Andalucía para mí no es una región, o un pueblo, un sentimiento, una idea, o un proyecto, Andalucía es para mí en estos momentos una necesidad. La respuesta a mis preguntas más trascendentes. Por eso vuelvo y nunca me separo del todo, porque al sentir el palpitar de esta tierra me conmuevo, entiendo el ritmo de la vida y acepto la certeza de la muerte. Lo digo frente a la memoria de un hombre que entregó su vida por una Andalucía libre, España y la humanidad".

Antonio Banderas

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